Si las miradas pudieran hablar, cuanto trabajo ahorrarían, ya no tendría que levantar la voz ni aguantar este palpitar agobiante de silencio; no buscaría una respuesta, porque la mirada diría lo que todavía no se, seria un automático traductor del inconsciente, un conversor. No me perdería en la búsqueda incesante de palabras, no dejaría un espacio en blanco en nuestra conversación, seria consiente de ser sincera, aunque amenazante con despertar odios eternos, libraría mi mente de los encierros, ya no enterraría esas tantas ideas que tanta falta hacia a las circunstancias.En un sutil encuentro entre tu mirada y la mía, hubieras entendido todo, ya no existiría ahorro insensato de razones, ya mi ceguera se iria, y al fin podrías comprender. Si las miradas pudieran hablar, cuánta oportunidad tendría. Cuanto se pierde con la ceguera del habla.
lunes, 9 de marzo de 2009
Si las miradas pudieran hablar, cuanto trabajo ahorrarían, ya no tendría que levantar la voz ni aguantar este palpitar agobiante de silencio; no buscaría una respuesta, porque la mirada diría lo que todavía no se, seria un automático traductor del inconsciente, un conversor. No me perdería en la búsqueda incesante de palabras, no dejaría un espacio en blanco en nuestra conversación, seria consiente de ser sincera, aunque amenazante con despertar odios eternos, libraría mi mente de los encierros, ya no enterraría esas tantas ideas que tanta falta hacia a las circunstancias.En un sutil encuentro entre tu mirada y la mía, hubieras entendido todo, ya no existiría ahorro insensato de razones, ya mi ceguera se iria, y al fin podrías comprender. Si las miradas pudieran hablar, cuánta oportunidad tendría. Cuanto se pierde con la ceguera del habla.
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